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La Coctelera

Amanece y las aves se desprenden de sus árboles, lo desnudan, lo pulverizan. Soy un árbol que se agita soltando costras negras en el aire. No tengo horario, me desintegro a toda hora y mientras mi eterna noche sigue su curso, un amanecer enviado por un dios cerdo me hace retorcer la memoria de lo inalcanzable.
Nadie voltea a ver las mentiras divinas, a nadie le importa. Yo solo lo veo por ser presa de una condena, pero soy astuta.
Y en medio del desmoronamiento de mi carne, escupo ante los reflejos de miseria que la Virgen puta lanza desde su coño reventado a manera de alucinación para los mortales.
Quieren turbarme inyectándome culpa con sus lenguas de pecado. Separan mi piel y con obscenidad agitan sus bífidas lenguas temblorosas y beben la sangre directo de mi aorta.
Construyen paisajes y paraísos imposibles al tacto humano, regalando arcoíris de engaño para dejar a los simios bípedos en hipnosis estúpida mientras las pieles de sus cojones son arrancadas y masticadas por santos de luminiscentes aureolas.
Quiero ser un árbol ciego, pero no soy más que un esqueleto desarropado y violado por las fauces de Dios. Él ha reventado mis intestinos y su impotente polla hiede a mis excrementos.
Millones de imbéciles admirando sus embustes.
Dioses parafílicos lanzando leches fétidas cargadas de mutación en un líquido ácido que van directo salpicando los gestos retorcidos y las bocas embrutecidas de sus alucinados esclavos... Idiotas, se tragan todo.
Acostumbrados a las penetraciones celestiales callan en pujidos que apenas suenan.
Yo blasfemo mientras la poca piel que me queda cae a trozos, mientras lucho por no ser enterrada a la falsedad.
Odio los amaneceres con vuelos de cadáveres alados, con el ano de Dios excitado en forma de un sol cegador. ¡Cobarde!
Me he despertado con las ganas cubiertas de un pesimismo que cae en costras supurantes, listas para infectarlos a ustedes. Total, les agrada la mierda.
Imbéciles...

Aragggón
040720121637

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