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Terra
La Coctelera

Irredento

18, dic

Apenas respira, una mano temblorosa le roza el muslo suplicante. Aspira piedad en medio del dolor que lo instala en el segundo hiriente de la agonía.
Ella lo observa con la discordia de un beso negado. Su voluptuosidad se hincha cuando las uñas rotas de Él supuran un viaje que no la alcanza.
Ha perdido el verde de sus ojos, lleva una astilla clavada en el lacrimal y los derrames pegan sus pestañas. Mirada morada de reventados pecados.
Al borde de la cama ha rodado una corona con mechones de cabello cobrizo. La boca de Él busca el agua en el sexo de ella. Hilachas de labios sueñan con humectarse y sosegar el dolor antes de partir.
La resignación de ella se tiñe de egoísmo con un giro de cabeza ante los gestos de piedad. Caen los párpados de los dos. Los de ella con vanidad lasciva, los de Él con miedo al regreso.
Lo han condenado por eternidades.
El manto que cubría su pene es una sábana que ella chupa entre las piernas.
Él da el verdadero amor que un mal padre le enseñó y no pudo darle a la humanidad. No quiso dárselo a tantos. Se lo ha entregado en bombeos de sangre a ella.
Ha aceptado su pecado y su condena.
Con un beso hirviente se despega del pulgar del pie de ella.
Fiebre inusual que la arquea y regresa al orgasmo en la despedida.
No quiere verlo, impera su dominación brutal. Sabe que un gesto de amabilidad podría regresarle las alas y arrancarle del infierno.
Con hielo en los ojos lo observa pensando en el inmenso dolor de su acto.
Ha sido empalmada por el santo cuerpo de roto esqueleto centenario.
Una mancha dibuja el recorrido en el muslo de ella de la mano con la que Él traza sus caricias y su gran rebeldía.
Pasos de pies descalzos con halos melancólicos de un placer entregado a su tentación.
Abre sus brazos ante ella diciendo adiós obviando su respuesta.
Tres clavos sin piedad rompen otra vez las manos y los pies del pecador.
Una corona regresa astillando las sienes del hijo olvidado.
Cada martillazo una convulsión en su vagina.
En su cama la verdadera sábana Santa.
En el suelo una gota de semen se mezcla con la sangre de ellos. Lame la cruz de los deseos, Él acomoda su cuello al ritmo de un falo desvanecido.
Doloroso y requerido el sacrificio diario para el Redentor de su inmunda alma.

Aragggón
Fotografía: Pablo López (Iconoclasta)

2 comentarios

  1. Diana Lorena Grisales Grisales

    Me encanta, simplemente eso.. Me encanta!!!!!!!!!!!!

  2. aragggon

    Gracias Diana. Un abrazo
    Felices humedades.
    Aragggón

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