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Terra
La Coctelera

Magggdala

20, jun

 

Y  mi imperio se derramará desde Magdala hacia el mundo entero, como el cabello extendido entre sus piernas.

No era un pez dibujado en la arena, era mi contorno y su necesidad ardiendo en su índice por una piel como la mía, por un sexo húmedo deslizando sobre sus falanges abriendo mi canal de gloria.

Puedo asegurarles que no existían milagros más evidentes que los manantiales brotando sin parar de mi vagina, licor bebido directamente por sus santos labios. Y digo santos porque los hice así, los domé religiosamente con astucia. Nadie nace santo, se hace, yo lo hice.

Nadie hablará de la felación oculta bajo su túnica mientras masajeaba sus piernas. Imposible que no hiciera el gesto celestial. ¿Ahora lo entienden? Su mirada turbia girada al cielo no es más que la comprobación de mi presencia en su orgasmo.

Soy la ramera que lapidaríais  con  un pene erecto. Y yo lo disfrutaré igual. Soy el mismo espíritu santo vertiendo aguas nacidas de mi vulva enrojecida para el bautizo y salvación de vuestra alma. Estuve con Él y me bebió hasta en la última cena.

Le hablé al oído y convirtió los deseos en metáforas turbando sus palabras. Acaricié con mi lengua el rizo del judío encendiendo al cáliz de nuestra alianza...Eterna, derramada por vosotros.

Y de mis pechos deslizaban las muestras más carnales de su momento, gotas seminales desdibujando mis pezones en los arrebatos desquiciantes de nuestra lujuria. Pecado, le llamáis, sí fuimos eternos pecadores en esta tierra de castrados, ángeles inservibles envidiosos de nuestros lustrosos sexos empalmados. ¡Bienaventurados los pecadores que de ellos será el reino de los cielos! ¡Imbéciles!

Mis manos estrujaban la coronación de su falo entre mis dedos. Envueltos en el desierto  los cuerpos se retorcían quemándose en arenas movedizas, cabalgaba sobre mí el misionero, rezando los salmos que ningún apóstol se atrevió a escribir.

Nunca lavé sus pies. Los ungí de bálsamos sexuales de mi propia vagina mientras su empeine me acariciaba el clítoris redentor y reptaba como la impenitente sierpe entre sus piernas de bífida acción en su glande bajo sus vestiduras.

De cierto, le dije, que hoy estarás conmigo en el paraíso. Y un hilo de saliva ataba mi boca a su sexo, lo hundía en la caverna de mi garganta mientras soltaba gemidos del pudor más inválido. No hay coros celestiales, no descienden los espíritus divinos, soy yo la que levanto sus caderas con fuerza ahogándome en su vientre tenso que me empuja con rabia, tragando el mar por el que camino descalza.

Habrá un templo de rancias piedras edificado en mi nombre, con arcillas humectadas de mis flujos y su sangre; mi figura en cantera, con vagina abierta a todo aquel que desee persignar. Bautizaré vuestros miedos y lloraréis con vergüenza arrepentidos. Musitaréis en mis pechos de pezones erectos vuestras confesiones de orgasmos mutilados.

¡Venid a mí que soy vuestra Gloria! Como lo fui, en su tiempo del Nazareno confundido. Soy la tentación que libera, que resana los sexos resecos y alimenta de placer vuestros dolores sacrificados.

Recen las letras apócrifas y liberen los siete demonios de sus entrañas. Exorcizaré las castraciones con ungüentos impíos, lejanos de confirmaciones de los templos castos.

Deslicen dentro de mí las cuentas de rosarios repetidamente y penetren con el Cristo crucificado mi coño abultado. Hagan que regrese a su cueva ancestral, cierren el rito con un "Gloria" incesante. Retírenlo cuando esté inundado de baba cálida y cerremos la hermandad en los labios.

Un ojo de agua mana desde mis centros hacia el mar de Galilea, hace temblar las tierras y la descendencia se multiplica. Vistan a sus hijas con paños rojos y descubran sus pechos ante el tórrido  aire que mi aliento exhala. Dejen crecer sus cabellos para que enrosquen los pezones con sus rizos. No habrá lágrimas que retener, solo sudores que secar. Las he hecho a mi imagen  y semejanza, comerán y beberán de los cuerpos sagrados.

Soy el privilegio de la resurrección. Levanté al Cristo de la muerte con la exhalación deseosa de un orgasmo. Mi imperio se extiende como el calor entre vuestras ingles, palpita mudo, soliviantado. Mis herederas llevan en sus matrices sangre y semen de divinidad...Mirad a vuestras hijas inquietas, admiradles la gracia.

María de Magggdala.

Aragggón

120420111205

Imagen editada del original: http://lacomunidad.elpais.com/cortesamador/2009/12/23/pasion-desnuda-maria-magdalena-biblia-segun-saramago.

4 comentarios

  1. Iconoclasta

    El privilegio de la resurrección. Y así se levantó Cristo erecto y ansioso. Aún aturido por los ecos de un orgasmo enloquecedor...
    Magggdala ya es un clásico, mi reina.
    Y tú por aquí... Que no pare la fiesta.
    Besos cielo.

  2. aragggon

    Pues ya ves, esto más parece acoso que ganas de publicar. Magggdala no es un clásico, es una maldición. Yo solo soy tu sombra.
    Besos mi rey.

  3. enredadass

    y asi, por fin el dios se hizo hombre.

    ...y gemio.

    besos y mas besos

  4. aragggon

    Y gemió... Claro que sí.
    Gracias enredadass.
    Felices humedades

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