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La Coctelera

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Cerdos.

20, jun

 

 

Permanezco inmóvil en medio del tabuco. El olor a vómito se pega a mi nariz, mareos en espirales quieren tumbarme. Los cerdos tienen hambre, se alimentan de mierda y repletos de su mediocre felicidad follan entre ellos por un plato de aceptación quieren rasgar la piel de mis pantorrillas y untan sus hocicos en mi piel dejando baba negra que escurre ácida por mis tobillos. Se engordan de mentiras y las venas les contraen un corazón parecido al humano. Lloran por miedo a morir sin poder caminar en dos patas y hacer más liviano su peso de cebo indigesto.

Las hembras seducen a los machos con las hileras de tetas hinchadas de dinero. Ellos maman pus fermentada sin darse cuenta de lo imbéciles son sus gestos. Las siguen con gruñidos de falsas excitaciones y terminan revueltos en lodos corruptos mientras mi sangre se filtra entre sus pezuñas que los enferma y los hace jadear.

Tengo un largo cuchillo que brilla en señal de consuelo. Busco con ansia degollar sus anchos cuellos y que su fétida sangre tiña sus pieles. Antes de enterrarles el  cuchillo en la garganta los he marcado a fierro incandescente en la cara con la señal del desprecio. Unos vomitan y otros se cagan. Estoy dedicada a que el dolor sea la última percepción, y que deseen no haber nacido porque sus existencias solo dañaron la mía.

La sangre de uno de ellos brota e infecta el lugar, el cuchillo se entierra continuamente frente a los otros. Saben que llegará su turno y tiemblan sus cobardes pezuñas.

He vaciado sus tripas y hago collares que cuelgo en sus pescuezos. Se irritan y temen tanto su turno.

Seré lenta con cada uno de ellos, haré morcillas que ellos mismos tragarán. Cortaré sus cabezas y rodarán entre sus pisadas mientras los restos de cuerpos se agusanan entre ellos.

Tocaré anunciando cada día la muerte de uno de ellos con el rasgueo de las mandíbulas destrozadas que arranqué en vida al recién muerto. Sonarán sus agonías como llantos de mujeres pariendo, porque sus muertes son el alumbramiento de mi vida.

Cerdos... Tan sucios e imbéciles, con tan poca suerte los llevo a la muerte.

 

Aragggón

200620111314

5 comentarios

  1. Iconoclasta

    Cerdos... Es una iracunda metáfora.
    No hay perdón ni olvido, no va con la naturaleza humana. Hay ofensas, hay cerderías que se deben pagar.
    El servilismo no es lo tuyo, mi reina, y así debe ser.
    Nunca la otra mejilla y el perdón vendrá cuando ellos hayan sufrido el daño que han infligido.
    Maravillosa oda a los cerdos de dos patas.
    Besos, mi amor.

  2. enredadass

    bueno bueno, no hay que tomarselo tan taaan...

    una lavadita... y para follarlos, sirven.

    besos y mas besos

  3. aragggon

    Así es mi amor, nada de perdón. Tendrán que pagar todo el daño y si se puede más, pues más.
    Gracias por estar al lado de mi burla, por construir este matadero.
    Besos corazón

  4. aragggon

    No enredadass, ni para eso sirven, de verdad. Son tan frígidos y estériles, pero peor que eso, son repugnantes.
    Besos

  5. enredadass

    pues si no valen ni como falo sucio solo queda sacrificarlos....

    y que no paren de gruñir los muy cerdos.

    ...mas besos

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