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La Coctelera

Inicialmente le había parecido curiosa la idea de presentarse ese día en la Clínica de Especialidades Neurológicas, pero en realidad no creía que tenía algo que ganar.
A los pocos meses se veía frente al espejo mientras el doctor Müller le descubría la herida tratando de convencerlo sobre la discreción y lo poco visible que era poseer uno de los ya comunes marcapasos cerebrales.
"Dentro de poco nueve de cada diez personas portarán alguna de estas maravillas. El modelo que usted tiene es de los más adelantados ya que cuenta con el cargador inalámbrico y el radar es solo del grosor del cabello. La única forma de identificarlo es por el color verde. Los cuidados son mínimos. Pero de eso usted ya está enterado"
Una vez salió de la clínica arrancó la gasa por completo. En otros tiempos hubiera sido imposible pagar una operación de este tipo. Las nuevas reformas de Salud habían realizado una campaña de sanidad popular anti suicidios instalando estos marcapasos cerebrales que obligaban a todos los desempleados a vivir hasta orillarlos a la esclavitud y así obtener mano de obra automatizada y a muy bajo precio.
En las calles rondaban los detectores evaluadores de serotonina escaneando los cráneos de los habitantes y el narcotráfico se enriquecía traficando estimulantes cerebrales al por mayor, cada día más difícil de conseguir, cada vez las ciudades con sonrisas químicas.
Todos huían de las lobotomías disfrazadas por los sectores de salud secretos. El suicidio como delito no había funcionado, había que detectar a los "elementos crisis" para operarlos y esclavizarlos hasta hacerlos reventar en las labores de construcción.
Él lo sabía. Había ido de forma voluntaria, cosa que sorprendió al personal de la clínica. Su diagnóstico: "autodestructor potencial limpio de fármacos". Nunca había intentado ingerir un solo miligramo de antidepresores, su gesto era un recorte estático sin movimiento. No permitiría que nada le convirtiera en un robot automatizado sin sensaciones, tampoco dejaría que algún medicamento le arrancara la añeja sensación de dolor con la que había pasado la mayor parte de sus años. Amaba su sufrimiento, pretendía llevar el dolor y su melancolía a cuestas con el ardor de unos párpados que constantemente cubrían sus ojos salados y cristalizados de venas rotas como la angustia que germinó desde el día de su concepción.
Todo en él, desde su infancia, fue gemido y sollozo. Su crecimiento solo sirvió para aprender a silenciar el llanto y evitar así las constantes preguntas sobre su interminable tristeza.
Si pudo tener momentos de felicidad en su vida, eso no era importante. Estaba convencido de ser la materialización de la tristeza y su nacimiento era la carne pura de la figura melancólica de la humanidad. Mostrarse al mundo más que como una sombra, era la imagen clara de una comuna millonaria de lágrimas acumuladas dando forma a un ser humano.
Sus muñecas eran orgullo de las heridas anti vida. Besaba muy a menudo las cicatrices abultadas por tantas repeticiones y con hojas de afeitar reavivaba las úlceras.
¿Qué si fumaba? Lo hacía compulsivamente. Quería que la noche fuera testigo de un mar de pulmones licuados cayendo por la boca llagada de pequeños cánceres en los labios. Los vómitos aumentaban día a día y los ácidos gástricos hacían lo suyo en todo el tracto digestivo. Tragar saliva era un consuelo torturador que le recordaba la asfixiante vida que nunca pidió, pero tenía que llegar hasta el final de la muestra humanitaria con la que fue parida su existencia.
Hacía años que el semen se había calcificado en sus testículos que se herniaban como piedras deplorables a cada paso. Aún recuerda su última masturbación sin fuerza, una agitación cansada como su ánimo, solo unos dedos estrangulando el placer triste que lastimaban su bálano torturado para fotografiar en la memoria el llanto de un meato dilatado de angustia. Una caída silenciosa de leche amarga sin vida. Lágrimas de un sexo sin placer que pintaba la acuarela más precisa de su existencia: la nada, la transparencia, el momento sin sentido.
Mientras caminaba las luces en la mirada comenzaban a hacer efecto directamente en la química cerebral y del hilo radar goteaba un río lento de un mínimo caudal de sangre. Sus ojos eran dos cristales estrellados de venas muertas donde las pupilas paralizadas brillaban únicamente por las sales de lágrimas evaporadas.
Tenía cita para presentarse al día siguiente en el Gremio Laboral, en otras palabras, para comenzar su esclavitud. Veinticuatro horas eran las necesarias para comprobar si el marcapasos cerebral se había adaptado en su totalidad a sus funciones cerebrales y la reacción no le provocara un estado de coma.
Un día para concluir el valor que no obtuvo en sus cuarenta y cinco años de no vida en un continuo latir involuntario de su corazón.
Sus pasos lo llevaron tembloroso por la migraña ensordecedora a la puerta de su casa. Por momentos los nervios faciales se le contraían y le acercaban más el gesto a la amabilidad que temía que dentro de pocas horas su espejo dibujara un reflejo sonriente.
Una vez dentro de su habitación quitó el colchón de su cama y la cubrió de bloques de imanes. Un lecho magnético donde dejó descansar su cuerpo. El marcapasos cerebral fallaría en cualquier momento, habría una desorganización de los datos y los impulsos nerviosos se verían altamente afectados por las frecuencias magnéticas. Una bomba interna que haría despedazar las neuronas lentamente hasta lograr con convulsiones cerebrales un coma eterno. Con suerte los gestos de su cara se deformarían tanto que el espejo colocado en el techo directo a su cama le regalaría el mejor de los ánimos decadentes.
Era hora. Las convulsiones comenzaron a suceder como las dolorosas contracciones que mataron a su madre el día que lo parió. Entonces, con los restos de pensamientos llegó a deducir que él era el dolor hecho vida y que acabaría como el mejor botón de muestra para quienes se atrevieran a mirarle.
Morir no es tan poco significativo para que se resuma en un instante. La autodestrucción tenía que ser un hermoso y largo letargo que creara infección en los curiosos. La agonía invisible de la vida pasa sin crear gestos significativos en la gente hasta que alguien vomita los intestinos, es decapitado o deja restos de cerebro en las paredes. Él iba por más. Conseguiría crear un puente más largo en el umbral de la decadencia regresándoles, con sus avances tecnológicos, lo olvidado al nacer: la continua y callada muerte. Él les daría voz y cuerpo al sufrimiento callado que cada cuerpo lleva en su interior y solo esperaría al valiente que desprendiera de su cerebro directamente encarnado el artefacto de desactivación vital.
Así pasaron los días. El autodestructor fue detectado sencillamente por una falta en el inventario de marcapasos cerebrales.
La humanidad es tan cobarde como morbosa, convirtieron su cuerpo en una muestra de museo para que todos apreciaran la muerte a largo plazo.
Finalmente logró ser lo que siempre fue, la carne de la muerte en vida, la explosión lenta del dolor, el ejemplo más sencillo de la existencia.
Una ridícula sonrisa mecánica fabricada por tecnologías inservibles en un cuerpo que se descompone entre heces y sangre rancia dentro de una cápsula de investigación. Burla y ofensa a la podrida vida.
Mañana tengo cita en la Clínica de Especialidades Neurólógicas...

Aragggón

Mis partos han sido los preludios de las tristes sonatas, los "adagios" que clavaron las uñas de lo inevitable. El hedor de los líquidos aún no se va y mis hijos se vuelven mayores.
Tengo una cadera cansada y abierta de los embarazos que no terminan. Sigo siendo el feto que ansía no nacer en un útero que me corona, me vomita y doy sombra en un parto que me espera para apalearme.
No quiero ser la cobija de la hipocresía ante los inocentes que amamanto. Mis pechos prefieren colgarse de resequedad antes de darles de un amargo que no alimenta.
Mi hijo es mayor y no quiero ser su madre. Sus ojos son tan parecidos a los míos que me he vaciado plomo en las cuencas para no verle mi mirada.
Mi hija es una mujer que está a punto de parir y la consuelo desde lejos mientras destrozo un útero que he cargado de miserias y vísceras roídas. Ella no se impregnará de suciedad. Mientras sus arcadas naturales la consumían, puse mi boca para tragar la repelencia y desintegrarme como sus desechos.
El menor de mis varones camina erguido por las calles, sin apenas reconocer mi muerte. Ha aprendido la fortaleza por las veces que me ungí de sus llantos y soledades, para hacer de sus brazos el abrazo más fuerte para él, sin necesidad de nadie. Nunca pide caricias de mierda...
No quiero ser el tormento que sigue sus pasos y los vuelve pesados. Prefiero ser la sombra de un polvo rezagado entre los muros que espiaron sus células al propagarse. Desaparecer de su conciencia y que todo lo aprendido sea honor de ellos, solo de ellos. Fue su valentía desde un principio el lanzarse a respirar la primera vez. Yo, fui cobarde desde que me abrazaba a una placenta que me alimentaba de hiel y suciedad.
Traje un gesto suicida desde que dieron a luz por mí. Sin embargo insistieron en desenrollar la soga de tejidos en mi cuello. Y dicen que es normal...
No seré nunca la madre. Seré el tubo de ensayo frío pero transparente que originó sus existencias para que no haya negros compromisos de favores hacia mí, para que no haya carne de por medio.
Todos recuerdan a la madre pero yo soy solo el plasma biológico que hizo que germinaran los hijos de nadie. Nadie, es mi nombre. Luego ellos no tienen deudas, ni besos hipócritas, ni ejemplos buenos ni malos, no tienen llanto para mi partida.
Mis hijos son la comprobación de la teoría de la nada, la que alguna vez el ciego imaginó calculando partículas de inexistencia desarrollando vida. Han partido de lo nulo, se han creado sin origen, sin alfa, sin inicio que le haga plomo los pies.
Si buscaran un "reset" en la historia de la humanidad, serán ellos: sin evolución de pasados rancios ni mierdas comprometidas a competir por sobrevivencias. Existen y punto. Surgen de la nada y sin Dios que les castigue. No le deben nada a una madre como tantos que generamos cánceres por daños de lactancia, por madres putas retorcidas reptando entre los sexos para caparnos.
No soy la madre, soy la materia que no pide retribuciones. Que no jode.

Aragggón
230820121014

¡Qué bueno que te encuentro!
Hace tiempo que quería decirte algunas cosas para que tus orejas se perforen con el estridente sonido que sueltan mis letras. Cada una de ellas será una gruesa aguja oxidada e invisible que rasgará tus tímpanos sin que sepas cómo llegaron a ti. Se encontrarán punta a punta atravesando tu podrido cerebro que se derramará por tu nariz goteando un hediondo líquido que te alejará de todos.
Estoy por el capricho de la maldad, con la convicción firme de hacerte el peor de los daños, por haber interrumpido mis pasos, mis sueños. Si me ves psicópata es el producto de tu ponzoña, de tu lengua retorcida que aleteó silenciosa detrás de mis pasos por mucho tiempo y me mostraste una sinceridad mentirosa para poder ser tu presa.
¿Sabes? No tendrás mi perdón y eso debería preocuparte, porque tampoco seré piadosa y el dolor se convertirá en un nuevo estado permanente para tu estancia, tu jodida estancia.
Me apena decirte que hay un cartílago en medio de tu lengua que se calcifica y cobra fuerza. Tengo la certeza que es lo único que no se desmoronará en medio de ese coágulo inmenso que hace de ti un cuerpo.
Mentira, no me apena, lo disfruto.
Gozo tanto ver caer pedazos de tus miembros y que el dolor te retuerce sin remedio cuando se hacen polvo tus huesos.
Con el tiempo tu jodida lengua será un resorte endurecido como el asqueroso cuerno de una cabra y nadie creerá que alguna vez pronunciaste una verdad.
Tus penas falsas que gritabas ya no son escuchadas aunque el negro y podrido pellejo que te cubre se te caiga en jirones por mi maldita mirada que te desgajará hasta dejarte sin defensas a la infección. Nadarás en tu propia mierda y desearás tener al menos un recuerdo de lo que fue una sonrisa para calmar los alaridos.
Te dejo en la nada mientras mi hombre me masturba y hunde su cabeza en mi coño que es su fuente, bebe de mí, respira de mí, se alimenta de mí, piensa en mí. ¿No te jode?
Y sonrío porque puedo y tengo luz y destellos que encienden mi rostro. Mi boca es el anhelo incumplido de tus sueños porque de ti solo caen trozos de mentiras mal sembradas y frustraciones que no pudiste obtener de mí. De tus cuencas caerán tus ciegos y secos globos que jamás alcanzaron el deseo de una mirada, por mucho que insistieras, por mucho que tu asqueroso pellejo se arrastró por el suelo para tener una gota de atención.
Mis dedos pulverizan tus cerdas vértebras podridas malnacidas por las veces que escupiste tu hedionda saliva detrás de mí, pisando mi reino, manchándolo de falsa lujuria y perversidad de cartón con letras malformadas como todo tu coaguloso cuerpo.
Te faltaron palabras, te faltó el valor de un trazo perfecto. Un lenguaje de pútridos puntos y oraciones copiadas, grafías incompletas como tu mierdosa gracia.
Vuelve a tu rincón donde los perros hambrientos son los únicos que lamen tu necrosado rostro para que la envidia termine quebrándote en los fragmentos que te faltan y seas el rompecabezas perfecto de una pútrida existencia. Armado o desarmado es inevitable el asco que se expande de tus músculos astillados por tu propia mala intención sembrada contra mí.
Que te piensen los cerdos que son los únicos que desean la mierda cerca.
¡Qué bueno fue encontrarte! Saber que mi vómito te llena la boca y que mis orgasmos te quiebran la puta espalda sin matarte.
Tal vez un día te regale la muerte, cuando la indiferencia de tu jodida existencia me aburra, cuando vuelva a acordarme que alguna vez existió un feto de pus color sanguijuela.

Aragggón
130820122149

Existe.

29, jul

Existe.
Es un ser que me desgarra el deseo. Tengo la decisión esclavizada a su sombra y a su luz. Me he abandonado para perderme en su total posesión. Lo quiero así. Porque su infinita existencia me anula como humano para ser totalmente su presa y quiero que me domine.
Esclavitud voluntaria es lo que pido para besarle hasta el perfil y beberme el halo de su aroma.
Es sido la rabia insistente para llegar a él y temo tanto...
Existe y es el hombre que me bloqueó la mirada para difuminar el entorno y solo centrarme en su bendita presencia.
Desde la distancia soltaba besos deseando que el aire fuera el conductor de su calor para que con la brújula de las ganas una caricia me rozara y resanara la carencia de mis heridas sin él.
Temo tanto al vacío, a la absoluta nada que permanece más allá de un mundo sin su compañía.
Antes de él una esperanza, después de él la oscura nada. El único término medio es la alimentación de mis días a su lado.
La desidia y el cansancio son dos bestias que acechan mi estancia. Y quiero parecer diferente, llamar su atención para que siga buscándome, para serle necesaria y así coordinar las respiraciones para ser unas veces su oxígeno y otras él sea el mío.
Le quiero parecer bonita y que sus gestos se endulcen cuando sienta que voy llegando. Suena simple pero cuesta tanto...
La suerte me llevó a él, no quiero perderla: la única oportunidad que se me dio en esta vida. Y si fuera efímera arrancándome de su lado entonces un ahogado par de pulmones se desinflarían llenándome de saladas aguas la respiración. Cargaría por largas distancias los intestinos desarmados entre los brazos por haber perdido el soporte de mi piel. Él es la justa gravedad que mantiene mi cordura en órbita.
Que sus ojos repitan el brillo del día que nos cruzamos con la suerte del universo conjugando nuestros cuerpos y vaciándonos del deseo más grande que haya podido existir en los elementos conocidos y desconocidos.
Esta tarde tengo miedo.
Déjame ser una vez más el temblor de tu desesperación, Pablo.
Mi eterno y necesario Pablo.

Aragggón
280720121728

Culpa

28, jul

Soy un macroorganismo creado a conciencia con la finalidad de llevar a sus vidas la degeneración, la desintegración. Mis genes han sido inyectados por la supuración de un dios lamentado y celoso que me eligió al azar en medio de la multitud humana para que de mis poros proliferara la peste.
La mala intención siempre estuvo presente, desde el momento de la concepción la mórula derramó un asqueroso virus que infectó el útero de mi madre. A los pocos años ese saco que me formó estaba cubierto de venas varicosas que estallaron por dentro y la mató. Hablaron de herencia, yo sé que fue otra cosa, yo sé quien fue...
El día que mi hermano murió, alcancé a darle un beso en los ojos antes de que arrancara el carro. Pocos metros después de haberme dejado en la clase de piano un accidente, un estallido terminó con su vida. Todos dijeron que debía haber prevenido el problema de la vista que le creaba confusión. Nadie menciona el beso tóxico que dejé caer en sus lacrimales, nadie conoce la potencia de mi saliva, la literal "mala baba" que me obliga a perseguir presas y volverlas polvo.
Soy la culpa.
Una existencia a la que el mismo Dios tuvo que crear para su descanso. Soy el motivo silencioso de una crueldad escondida con agrio sabor de venganza.
Además, soy consciente. Un error hecho materia con el que la gente tropieza para luego desaparecer. Solo los seres en agonía me llegan a reconocer. Justo en el momento de su última exhalación. En ese instante todos los cabos se atan para dar con mi imagen y se marchan repudiando mi nombre. Sus muertes y malas suertes llevan mi olor, inconfundible para el que yace.
No hay miedo para ustedes, todo lo malo ya lo habré cometido y su partida siempre será limpia. Un ser divino me ha creado para depositar en mí todos los errores humanos. Se desprenderán de mí las malas intenciones para que en medio de un fingido gesto de humanidad poco a poco mis conexiones nerviosas creen el momento perfecto para sus muertes.
Soy la muerte premeditada. Una mimética situación que se disfraza de mala suerte en el momento en que mejor se encuentran sus vidas. Soy la confusión y la descarga de rabia cuando ven sus instantes de vida pasar en el conteo regresivo de los alientos por acabar.
Y los confundo.
Les hago sentir amor dulce y puro, tengo un gesto de nobleza para que sus corazones y buenas almas crean en mí; pero al final...
Al final todo se sabe. Se sabe que el autor de sus malos ratos nunca dependió de ustedes. Es este fétido aliento que respiraron sus narices y contaminó sus pulsaciones, su aire, sus venas, sus circulaciones.
Así como un día formé los trombos en el útero de mi madre; de ese modo terminarán los que confiaron en mí, astillados por la maldad que sembré en el momento que cerraban sus ojos derramando confianza.
¿Qué si tengo piedad?
Solo soy culpa, el descanso final de sus vidas, el momento de la tranquilidad para sus repasos vitales.
Algún día me acabaré yo también y nadie llevará el pecado de mi fracaso. Entonces Dios creará otro macroorganismo de mi especie para su descanso y su ira.
Por eso vine esta vez, solo a despedirme de sus intenciones transparentes y liberarlos del castigo del imbécil Dios que los confunde volviéndolos pecadores.
Me llevo todo, hasta mi propia muerte sellada con un cuchillo en mis propias venas. También será de mi total y absoluta culpabilidad.

Aragggón
270720122350

Me ha colocado a la diestra de Dios como la señora Jesucristo, ni un coro más abajo. He escupido en el momento en que con sus manos empujó mis hombros y me obligó a ocupar este lugar en el que me han clavado.
El semen que traía escurriendo en las nalgas es un insoportable fijador que si intento levantarme de esta incómoda nubecita algodonada me arrancará la piel del culo. Lo haré porque no soy paciente con los castigos.
Con los codos en las rodillas sostengo la cabeza y hago burbujas de baba con mi boca. Espero. Mentira no tengo paciencia, desespero completamente.
El puto Dios está tan ocupado en excitarse con las vírgenes y castigar a los adolescentes que se masturban viéndolo que no se dará nunca cuenta que estoy a su diestra y que de una patada he mandado lejos al agujereado que estaba ocupando mi asiento, mi rincón de castigo.
A mí no me ponen orejas de burro me ponen esta luz de neón circular flotando en mi cabeza que me provoca jaqueca. Me siento ridícula.
Hay aladitos que se entretienen en mandarme mensajes telepáticos de arrepentimiento y buena voluntad. Basta agitar mi lengua frente a ellos o chuparme los dedos obscenamente que desaparecen como moscas electrificadas. A veces el conteo de las diminutas chispitas hace más corta la espera.
Mi 666 no tiene piedad y se entretiene en los fetiches de castigos ridiculizantes como este.
Sé que se ríe a carcajadas mientras floto entre las acolchonadas nubecitas cerca de "Diosito", me enseña la polla lubricada y amoratada balanceándose entre su puño. Sabe que escurro de solo verlo y aprieto mis párpados para borrarlo de mi vista, aún así aparece entre mi oscuridad eyaculando, es un cabrón.
Me pica la nariz.
Está todo tan sanitizado y purificado que el ozono estéril y los coños vírgenes de las putas de Dios no contaminan su impotente polla. (Lo de la impotencia es un secreto divino que tampoco escribieron en la Biblia, apóstoles lambiscones). No hay olor a semen fermentándose entre las piernas de las Madonnas. Que aburrimiento.
Tengo que repasar los dedos entre mi nariz para mantenerme mojada cuando aspiro el olor a mierda de las veces que excito la próstata de mi 666. El muy obsceno encoge las rodillas y dilata su ano mientras me enreda el cabello con un coágulo de algún primate decapitado.
Esto ha tardado demasiado, me largo.
Mi 666 está doblado de risa y aprovecho su carcajada para levantarme.
El subnormal de la coronita de espinas ha despertado con la quijada desencajada por la patada que le senté. Le he acomodado mi aureola infecta en el pijo santo del Cristo. Le provocará una comezón por unos días que inquietará a su pendejo padre y desatará algún terremoto por su ataque de celos.
Tienen gracia sus travesuras, lo sé. Lo pago caro pero es divertido.
Insisto, es un cabrón.

Aragggón.
24072012 2221

Amanece y las aves se desprenden de sus árboles, lo desnudan, lo pulverizan. Soy un árbol que se agita soltando costras negras en el aire. No tengo horario, me desintegro a toda hora y mientras mi eterna noche sigue su curso, un amanecer enviado por un dios cerdo me hace retorcer la memoria de lo inalcanzable.
Nadie voltea a ver las mentiras divinas, a nadie le importa. Yo solo lo veo por ser presa de una condena, pero soy astuta.
Y en medio del desmoronamiento de mi carne, escupo ante los reflejos de miseria que la Virgen puta lanza desde su coño reventado a manera de alucinación para los mortales.
Quieren turbarme inyectándome culpa con sus lenguas de pecado. Separan mi piel y con obscenidad agitan sus bífidas lenguas temblorosas y beben la sangre directo de mi aorta.
Construyen paisajes y paraísos imposibles al tacto humano, regalando arcoíris de engaño para dejar a los simios bípedos en hipnosis estúpida mientras las pieles de sus cojones son arrancadas y masticadas por santos de luminiscentes aureolas.
Quiero ser un árbol ciego, pero no soy más que un esqueleto desarropado y violado por las fauces de Dios. Él ha reventado mis intestinos y su impotente polla hiede a mis excrementos.
Millones de imbéciles admirando sus embustes.
Dioses parafílicos lanzando leches fétidas cargadas de mutación en un líquido ácido que van directo salpicando los gestos retorcidos y las bocas embrutecidas de sus alucinados esclavos... Idiotas, se tragan todo.
Acostumbrados a las penetraciones celestiales callan en pujidos que apenas suenan.
Yo blasfemo mientras la poca piel que me queda cae a trozos, mientras lucho por no ser enterrada a la falsedad.
Odio los amaneceres con vuelos de cadáveres alados, con el ano de Dios excitado en forma de un sol cegador. ¡Cobarde!
Me he despertado con las ganas cubiertas de un pesimismo que cae en costras supurantes, listas para infectarlos a ustedes. Total, les agrada la mierda.
Imbéciles...

Aragggón
040720121637

Primera exposición fotografíca de Aragón Iconoclasta. Dale un vistazo aquí